
Paulo Ferreyra más conocido como "Pajarito" es uno de los personajes de renombre en Alderetes, cuando alguien menciona su nombre es común que lo reconozcan.
Mocho pelo corto, usando anteojos y siempre con una sonrisa cuando se topa con las personas que siente como si fueran cercanas.
Paulo es oriundo de Orán Salta y tiene 54 años de edad, vino a estudiar ciencias económicas en 1986, durante su estadía en Tucumán un amigo le ofreció trabajo en el Estado y aceptó, a pesar de que en esa época nadie quería, porque se ganaba muy poco.
Este año cumple 30 años de actividad en el municipio, se casó en 1991, vivían en la Capital, luego se fue a vivir a casa de su suegro Ramón Benítez y junto a su esposa Selva Ruejas, ellos le dieron un espacio en su hogar, hasta que logró comprar un terreno en el que está viviendo hasta la actualidad.
En su primer entrenamiento jugaban con una pelota descocida, y era un trabajo cocerla después. A medida que iban creciendo fueron a practicar en el club municipal, que tiene comisión directiva. Ellos le cedieron gratuitamente el predio, para que continúen haciendo su actividad hasta la fecha.
Su familia está compuesta por dos varones de 25 Álvaro Matías, Pablo Alejandro de 23 años y una mujer llamada Fernanda de 11, su esposa María Ester Benítez, sus dos hijos formaron parte del club como jugadores, luego hicieron su paso por San Martín, Ateneo y la Florida. Actualmente ellos trabajan, y no se dedican al fútbol.
Su sueño comenzó con un proyecto para alejar a los niños de los vicios y de las calles e incentivándolos a hacer deportes. En 1994 tuvo una charla con un amigo suyo, y le contó lo que tenía en mente. Junto a Miguel Antonio Ferreyra de apellido coincidente, armaron un club, y así fue sembrando su sueño, el de representar a la ciudad con un equipo de fútbol infantil, además del que ya estaba vigente, como lo es Ateneo Parroquial Alderetes. AFICA (Asociación de Fútbol Infantil Ciudad de Alderetes) fue el nombre que usó definitivamente para su proyecto, tomó color implementándole un tono Azul Francia, y una línea transversal blanca a su camiseta, fue la forma que le dio Miguel Ferreyra, y la que adoptó junto a Paulo. En la actualidad la institución ya no cuenta con la presencia de Miguel, ya retirado del club hace 10 años para dedicarse a otra actividad.
Paulo trabaja para el estado, en la municipalidad de Alderetes desde hace 30 años, en planta permanente donde cumple sus funciones.
Lo cotidiano es levantarse a la mañana ir a trabajar, los lunes miércoles y viernes se dirige al club municipal a entrenar a los chicos.
Cuando se inició AFICA su esposa era quien se encargaba de dejar las camisetas limpias para que lo puedan usar nuevamente los niños a los que preparaba.

Sus primeros pasos los dio jugando con infantiles por 2 años en la liga alternativa de fútbol organizada por Seoc, La Mochadela y Federico Quinteros. Después de varios años vio crecer a su club cuando se institucionalizó infantiles en 2004 en la Liga Tucumana de Fútbol, con el nombre de Ateneo B, 2 años más tarde volvió como AFICA, conformado ya con personería jurídica y hoy funciona normalmente, tiene 12 categorías, 4 inferiores hasta los 17 años, 4 infantiles y cebollitas desde 5 a 9 años.
Entre su palmarés, AFICA logró campeonatos provinciales Evita en 2 ocasiones, con la categoría 90/91 en 2006 jugando luego en Río Tercero, y en 2007 lo hizo con la categoría 91/92 donde viajaron a Mar del Plata logrando el tercer lugar a nivel nacional.
En lo emocional el cariño que tiene hacia los chicos que tiene a su cargo, es evidente a tal punto que siente que es como si fuera el padre de todos ellos, y lo demuestra con el estado de ánimo que sus pequeñas promesas reflejan en sus rostros.
Es tanto el afecto que siente por ellos, que le complace recibir agradecimientos de aquellos que vistieron la camiseta de AFICA y que se encuentran militando en clubes de otras provincias. A pesar de que su trabajo es vacío, siente una gran satisfacción que haya surgido del pequeño club de Alderetes.
En su infancia recuerda aquel lugar donde creció una casa pintada de color blanco, y un barrio humilde, llamado Senita, ubicado detrás de una estación de trenes, donde en ese entonces funcionaba el ferrocarril, que solía salir a la medianoche hacia San Salvador de Jujuy, donde muchos niños sentían algarabía cada vez que oían aquel tren marcharse con el grave sonido de bocina, aquellas muecas de felicidad, fueron las que acompañaron la vida de Paulo.
Las tardes después de salir de clases y volver a ver dibujos animados parece ya obsoleto en la vida cotidiana que de la que se tiene al alcance de las manos , el cariño de sus padres y los días que pasaba junto a sus amigos jugando al fútbol, era su mundo en aquella niñez.
Para volver a su casa tenía 7 cuadras, cruzaban la estación de trenes, y cuatro cuadras mas, en su retorno nunca podían faltar sus facturas y la leche “Momy”, terminaba de merendar y se iba directo a la vereda, para reunirse con sus amigos hasta que sus madres les pedían volver.
No era el único que vivía en casa ya que sus hermano de crianza Ángel Cabrera que trabaja en la Universidad Nacional de Salta, y Héctor Cabrera que es profesor de danzas folclóricas, compartían junto a él.
Sus padres trabajadores ellos, se ocupaban de que no les falte nada, como su madre que trabajaba en una concesionaria de Renault y su padre en Telecom.
Ferreyra fue creciendo y a medida que pasaban los años logró ser parte Unión Guaraní, donde sus padres lo llevaron allí, las camisetas eran blancas de bastones rojos, como las que usa San Martín, era un club formado por la colectividad paraguaya, jugaba de Carrilero, marcador de punta y central, participó de la selección sub 13 de la liga regional de Bermejo.
Fue un club humilde, muchas veces no tenían camisetas, los botines que les prestaban no eran de su misma medida, pero su padre logró comprarle unos botines negros relucientes, con la marca Adidas Pelé, que se volvían pesadas cuando se mojaban, al igual que aquellas pelotas de cuero que nadie quería cabecear.
En su época era muy común que los adolescentes de la escuela secundaria, organizaran fiestas en casas para ir a bailar y divertirse, entre los que asistían solo había gaseosa para tomar, sin generar un mal clima, lo que permitía que sus padres, le dieran el consentimiento para poder reunirse con sus amigos, los canciones más escuchadas eran las que frecuentaban en los boliches de los años 80’, “Los Iracundos” y “Los Moros” eran de su preferencia y no paraba de cantarlas.
Una sensación distinta a la que en la actualidad observa Paulo, una adolescencia devastada por el alcohol, sin comparación a la que le tocó vivir, una mirada hacia lo más profundo de sus recuerdos que pareciera difícil de dejarlas atrás.
Participó de una selección del colegio, porque antes se jugaban muchos campeonatos, que se llamaban “Patria Paz”, que organizaba el gobierno de la nación en la época de la dictadura, eran muy chicos y estaban ocupados con las travesuras que hacían, que no se enteraba de lo que pasaba en el país, sabía que sucedían cosas, fueron desaparecidos muchos, y su madre tenia miedo por él, le gustaba participar en las fiestas juveniles, de las que se armaban en el barrio, eso le daba miedo porque por su cabeza pasaban muchas cosas, no solo formaba parte de un club de fútbol sino también una banda de música, el gobernador desde ese entonces fue Miguel Ragone de Salta, pudo ver un procedimiento llevado a cabo por los militares, de repente un auto pasó por el lugar donde ensayaban y subió a un músico, desde ese momento nunca más se lo volvió a ver.
Ferreyra era trompetista, pero no sabía leer partitura, lo que hacía era memorizar, y es ahí donde vino su apodo “Pajarito”, porque para poder retener lo que tenía que seguir lo silbaba en la marcha, y de esa forma sabía cuando tenía que participar con su trompeta, pero a pesar de eso dejó atrás, porque estaba enfocado en ser contador. Pero su camino no comenzó allí ya que le tocó hacer el servicio militar obligatorio, en el año 1982, en el regimiento de Infantería de Tartagal y regimiento de Monte 38, en ese momento estaba en marcha la guerra de las Islas Malvinas, fue soldado que nunca fue llamado, pero estaba listo para salir.
Eso fue una de las situaciones mas tristes de su historia, fue parte de la banda musical del ejercito, y ya formaba parte para ser Cabo Primero en condición, pero en su mente decidió que nunca más iba a pisar un regimiento.
Todo el plantel de profesores reunidos con sus futuras promesas del fútbol tucumano.
En 1986 emprendió su camino a Tucumán, con la decisión de poder cumplir su sueño, el de ser contador, su hermano Ángel estudiaba abogacía en la provincia lo esperaba, pero su madre en un principio quiso retenerlo, ser maestro era lo único que podía estudiarse en su Orán natal, y era lo que está mujer quería para poder prepáralo a lo que se enfrentaba, las convicciones de Ferreyra eran otras, vivir por dentro lo que eran las Ciencias económicas.
No fue lo que esperaba, aquella decisión lo despertó a la realidad, falló en su primer intento, y aquella sensación de frustración, lo llenó de dudas, el regreso un duro momento para reencontrarse con su madre.
“Serás lo que debas ser, serás maestro o gendarme” Una frase que era otra alternativa, pero la cual no deseaba en su corazón.
Una luz en el camino apareció, Marcelo Ocampo un amigo de su familia, le ofreció una oportunidad, de seguir en Tucumán pero trabajando, ganando poco pero con otra mirada para su futuro, ser un empleado municipal antes de volver fracasado, la mitad de su vida dejada en ese lugar.
El trabajo no solo le permitió quedarse, sino que además tendría su revancha, reingresó nuevamente a la carrera, y logró avanzar más de lo que esperaba, aquella ocupación le dio las herramientas necesarias, para que pudiera complementar sus conocimientos.
La vida le tenia preparada otra sorpresa, conoció María Ester, la persona que lo acompaño durante su trayecto y la que se convirtió en su esposa y la madre de sus hijos, todo aquello le cambio en su existencia a sus 28 años, la llegada de su primogénito Matías, no tenía experiencia, como padre primerizo, tuvo que salir a afrontarlo, se dio cuenta en ese entonces que ya trabajaba para su familia. En el camino quedó pendiente su sueño, la carrera de Ciencias Contables Jurídicas, llegó hasta el cuarto año, ya no tenía tiempo, solo le restaban rendir algunos finales y ya era profesor, pero aun así, destaca haber podido criar a sus hijos y fundar AFICA.
La idea del club AFICA nació también, luego de llevar a sus hijos a entrenar en el club Ateneo Parroquial, su entrenador José Padilla, no era de su gusto y le parecía que no enseñaba como debería hacerlo, entonces tomó la decisión de transmitir los conocimientos que tenía de pedagogía para que fuera posible llegar a ellos y cambiar todo aquello con Miguel Ferreyra quien conoció en ese lugar, poniendo en marcha la creación del club.
Dejó parte de su juventud desde sus 32 años, cuando nació AFICA, pudo haber hecho muchas cosas a nivel personal, pero decidió quedarse, con lo que le permitió conseguir amigos, y la satisfacción de ver como los niños lo admiran.
Parecía que todo lo malo iba a dejar de suceder, pero en su club la poca atención que les dan los padres a sus jugadores a medida que pasan los años, es solo uno de los motivos, ya que siente un dolor como padre ver como les sueltan la mano de a poco, y el poco interés por parte de el estado para que su club crezca, este año estuvo a punto de abandonar por ver tantas desilusiones, él como sus compañeros en la institución no cobran un sueldo por ello, fue un año de mucho mal estar, ya que el complejo quedó deteriorado luego de que se se formaran los asentamientos.
Parte de los materiales que había puesto de su dinero, les habían robado.
Un día gente extraña se hizo presente en el lugar, pero logró hacerlos entender lo que hacían en el predio.
Aun tiene la esperanza de que todo se mejore, su ilusión de ver a su equipo jugar en el ascenso de la Liga Tucumana está intacta, para mostrar sus jugadores y que logren invertir en ellos.
El club solo cuenta con fútbol por el momento y solo está abierto para los varones, por el hecho de que no cuentan con personas que se encarguen de vóley y básquetbol, como así también de las formativas femeninas que quedaron pendientes, y gimnasia rítmica para las madres de los futbolistas, que contaban con ese servicio y ahora se encuentran sin profesoras. Entre logros y metas Paulo Ferreyra sueña con algún día tener su propio predio y ver jugar a su equipo antes de retirarse.
